Loreto, caverna Milagro de dios


Ayer fuimos a Loreto, de nuevo, pero esta vez alejándonos un poco del centro, al sector Pasohurco, donde se encuentra la caverna Milagro de Dios.

Daniel Carrasco adquirió la propiedad donde actualmente hace 20 años, pero solo hace seis descubrió lo que había detrás de los matorrales.

Movido por la curiosidad y con machete en mano decidió retirar la maleza y despejó el ingreso a lo que ahora es su mayor tesoro: la caverna Milagro de Dios.

Esta tiene una profundidad de 200 metros y se puede recorrer en media hora. Su acceso se dificulta por la cantidad de estalagmitas, depósito de minerales que se forman en el suelo de una cueva de caliza debido a la decantación de soluciones. También se evidencian estalactitas, que cuelgan del techo o de la pared de una cueva caliza. Además, en estas cuevas habitan murciélagos, arañas, pangoras, grillos, peces e insectos.

En la zona los visitantes pueden disfrutar de los saladeros de animales, fósiles y de varias cascadas, además de una biodiversidad incalculable de la cual disfrutamos durante todo el recorrido por el bosque selvático desde la caverna hasta la cascada.

Existe la posibilidad de pasar el día en este recorrido, ya que al lado de la caverna hay una zona habilitada para cocinar y comer.

Entrar en la cueva fue algo interesante por poder admirar la belleza de la naturaleza escondida entre las rocas, divertido porque tuvimos que pasar pos sitios muy oscuros y estrechos mientras los murciélagos volaban a nuestro alrededor y refrescante porque era imposible no mojarse.

El paseo desde la cueva hasta la cascada fue única y sencillamente precioso y relajante.

Y a pesar de que fuimos invitadas a comer con un grupo de evangelistas que estaban preparando la comida en la zona habitada para ello volvimos hasta el centro de Loreto para almorzar, comer un helado y bañarnos en el rio antes de coger el autobús de vuelta.

Y cuando pensamos que el día ya había acabado… se nos inundó la casa. Cayó una gran tormenta, con mucha agua, y se acumuló tanta en el balcón que entro por debajo de la puerta y como la casa tiene cierta inclinación todo lo que entraba iba hasta la zona de los colchones. Tuvimos que mover todo rápidamente y quitar agua con sábanas y toallas, y todo esto alumbrados por una velita de adorno, porque se fue la luz. Cuando acabamos y nos acostamos recordé que antes de empezar a llover dije que me gustan las tormentas y la lluvia, creo que no volveré a decirlo en alto nunca más, por si acaso, jejeje.

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